Cambridge Brewing Company

Este templo de la cerveza es visita obligada en Boston para todo beer hunter que se precie. Que de hecho no está en Boston; como su propio nombre indica está en Cambridge, que es la población al otro lado del río Charles. Pero a efectos prácticos viene a ser como un barrio más de Boston, si no te lo dicen ni te enteras de que has cambiado de ciudad.

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Terracita en la entrada de la CBC

Fui por primera vez a la CBC a finales de 1995, y rápidamente se convirtió en mi sitio favorito durante los dos años que viví en esta ciudad. Por aquel entonces era un brewpub más de las decenas que surgían por todo el país al calor del primer boom de las microbreweries, pero ahora es ya todo un referente en la costa Este americana. Sus cervezas han ganado varios premios en el Great American Beer Festival y un par de medallas en el World Beer Cup, que exhiben orgullosos en una columna dentro del local. También CAMRA le dio un premio a su You Enjoy My Stout en el GBBF de 2009 como Best American Draught.

cbc premios

Premios varios

Hacía 12 años que no pasaba por aquí, así que era una visita que esperaba con ansia. El local sigue prácticamente igual, con una terracita fabulosa en una plaza peatonal al lado de Hampshire street (la dirección oficial es “One Kendall Square”, lo cual es un poco confuso porque Kendall Square está a un par de manzanas…), y una sala principal amplia, con una cristalera en el techo que le da mucha luz, aunque cuando aprieta el sol puede ser un inconveniente. Hay otra sala más pequeña separada de la anterior por cristaleras, desde donde se puede ver el equipo de fabricación de cerveza.

El bar cuenta con 11 grifos, uno de ellos de cask, todos con cerveza de producción propia. También venden latas, botellas y garrafas para llevar.

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Menú del día

Comencé la sesión reviviendo los clásicos de este sitio que tan gratos recuerdos me traen: la Regatta Golden, una rubia ligera de 4,2% muy bebible –es tipo Kölsch- y agradable (un 6 para mí) y la Charles River Porter, de 6%, un porter contundente, untuoso y con fuertes notas torrefactas, un 7.

Luego vi que tenían la Tall Tale Pale Ale (5,8%) en cask, toda una bendición. Es un ale dorado turbio con poco aroma pero mucho sabor, lleva Mosaic que le da notas resinosas sin ser demasiado amargo, muy muy bebible. Otro 7.

Ya más tranquilo tras haberme reencontrado con estas grandes birras, me decidí a probar cosas nuevas. Bueno, nuevas para mí porque algunas ya llevan unos años en esta casa.

Primero opté por la Remain in Light Pils, de 5%, rubia algo turbia, bastante lupulada. Una buena pilsner, excelente alternativa a las lager industriales sin salir de las cervezas “normales”. Un 6.

Después vino la primera frikada, la Olmsted’s Folly, un gruit de 4,2% con fallopia japónica y arándano rojo. De curioso color rosa, poco aroma y sabor muy ligero, algo ácido sin molestar. No me convenció, un 5 raspado.

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Olmsted’s Folly. Rara, rara

Luego pedí una de las cervezas más premiadas de este sitio, la Sgt. Pepper. Tuvo medalla de oro en el World Beer Cup de 2012. Es una saison de 6% con granos de pimienta de todos los colores (negra, blanca, verde y rosa), color cobre turbio, poca espuma y un sabor ligeramente picante como cabría esperar. Está buena pero no es para tanto, yo le pongo un 6.

Y me despedí con otra frikada interesante: la Benevolence. Un fantástico sour ale de 13% añejado en barrica, de color marrón oscuro tipo brandy, con reflejos rojizos, casi sin espuma y con poco gas. Sabor complejo, cálido y reconfortante, dulce con un toque ácido, poco rastro de lúpulo. Un excelente chupito para terminar una comida, nada que envidiar a los mejores licores. Me encantó, le doy un 10.

Los ingredientes y proceso de fabricación de esta birra son alucinantes: lleva 8 maltas, lúpulos añejos, azúcar belga y uvas pasas tintas. Fermentada primero con varias levaduras diferentes, luego añejada en barricas de Bourbon, después se le añaden dátiles, cerezas ácidas y miel, y se deja volver a fermentar con levaduras salvajes. Finalmente, tras tres años de añejamiento en madera, se mezcla con un ale joven y sale el invento este, que por una vez parece que ha justificado tan enrevesado proceso porque de verdad que está buenísima.

La hicieron por primera vez en 1999, para conmemorar el décimo aniversario del brewpub, y luego la han repetido en 2009 y 2014 para su 20 y 25 cumpleaños.

Total, que mi reencuentro con este bar no pudo ser mejor. A ver si hay suerte y no vuelven a pasar otros 12 años hasta que repita…

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Sala de máquinas

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Stoddard’s (Boston)

En pleno centro de Boston, en la zona de Downtown Crossing, está este bonito bar, Stoddard’s Fine Food & Ale. Está en un edificio de 1868, donde por esas fechas se estableció una tienda de cubiertos, Stoddard’s Fine Cutlery, de la que el bar toma el nombre.

Es un sitio elegante, con mucho ladrillo y madera, cierto aire a gentelmen’s club victoriano. De hecho, en su web dicen que la barra, de madera, está importada de West Yorkshire y hecha a mano por un tal Andy Thornton, que según dicen es el mejor carpintero de barras del mundo. Es una réplica en mayor tamaño de otra barra hecha en 1900 para una compañía de Chicago. stoddard's 1

Así que el sitio tiene solera y encima hay muy buen ambiente afterwork, rollo ligoteo y tal. Fuimos un jueves sobre las 6 y estaba petado, aunque tuvimos suerte y nos hicimos con un par de taburetes en la barra.

Hay 20 grifos con una buena selección de cervezas (de nuevo, americanas en su mayoría) y también 5 tiradores más para cask ales, pero ese día estaban vacíos, por desgracia. Hay también una larga lista de cerveza en botella.

Stoddard's menu

Carta de birras

El barman es el típico veterano que conoce a todos los clientes y sabe cómo le gusta a cada uno que le sirvan su cóctel favorito. Iba y venía por la barra como una exhalación, todo encorbatado y sin perder la compostura, una maravilla verle en acción. Encima sabe de cervezas y se conocía al detalle todas las que tenían esa noche.

Una vez aposentados, empecé pidiendo la Notch Left of the Dial, de Massachusetts, una IPA americana “de sesión”, con 4,3%. De color dorado claro, un poco turbia, muy aromática y con un final amargo la mar de rico. Ideal para una larga noche de tertulia en un bar. Un 7.

Tras una breve charleta con el barman me decidí luego por la Illumination, de Enlightenment Ales, también de Massachusetts, una saison de 6,8%. Dorada, buen aroma, bastante amarga y con ese final seco propio de las triples belgas, algunas notas a torrefacto. Buena pero sin emocionar. Un 6.

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La siguiente fue la The Maharaja, de Avery Brewing (Colorado). Una muy buena Imperial IPA, con 10,20%, color cobre turbio, un excelente aroma a malta y galleta con algo de lúpulo y un sabor muy equilibrado. Se le nota bastante el alcohol, eso sí, y menos lúpulo del que es habitual en este estilo. Le doy un 7.

Mojo Risin'

Boulder Mojo Risin’ recién servidita

La última fue la mejor, la Boulder Mojo Risin’, también de Colorado, otra IIPA esta vez de 10,5%. Esta es de color similar a la anterior, cobrizo, pero muy transparente. Aroma fantástico, mezcla de cítrico y maltoso. En boca muy agradable con buen balance y final largo y amargo, ahí se le nota todo el lúpulo que lleva. Para mí un 8.

Y tras vaciar esta copa se nos echaba encima la hora de la cena, así que no hubo tiempo para más. Muy recomendable este sitio.

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Cartel del establecimiento original

Deep Ellum (Boston)

No muy lejos del Sunset Grill, en el mismo barrio de Allston (concretamente en el 477 de Cambridge Street), se encuentra esta pequeña joya que marida magistralmente buena comida, excelente birra y el mejor jazz blues. Todo ello generando un buen rollito que te cagas que te contagia desde que entras por la puerta.

Es un bar más bien pequeño, con una bonita barra y algunas mesas, más pensado para ir de noche que por la tarde, que es cuando fui yo. De todas formas, estaba muy animado, con la cantidad de gente justa para tener ambiente sin que faltaran sitios libres.

La oferta de cerveza es excelente, hay 30 grifos con cervezas muy bien escogidas. Cómo no, la mayoría son americanas, pero aquí había algunas más europeas que en otros sitios: varias alemanas, alguna belga e incluso dos de Ca L’arenys (Guineu Riner y No Sucks).

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La Guineu Riner, dejando el pabellón alto

Por desgracia se me hacía tarde así que no pude quedarme mucho tiempo, y solo tomé dos cervezas (no sirven medias pintas), combinadas con un plato de quesos riquísimo.

Primero opté por la Evil Twin Bikini Beer, un Summer Ale de 2,7%. Es una cerveza genial para el verano, ligera y refrescante, pero con sabor, para tomar a litros. Un 7.

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Grifos tras la barra con pinta de Evil Twin Bikini Beer en primer plano y reflejo parcial de un servidor en el espejo

Luego quise probar algo más original y vi que tenían dos versiones de una misma cerveza hecha por dos marcas distintas. Se trataba de la Daughter of Poseidon (8%), una Black IPA con ostras que en la versión hecha por DC Brau lleva ostras Rappahannock Olde Salt de la vecina bahía de Chesapeake, y en la versión de Baxter le ponen ostras Glidden Point, nativas del estado de Maine.

La camarera, muy maja (y bastante mona), me dejó probar un chupito de cada para comparar, y me pareció mejor la Baxter, la otra tenía unas notas saladas que no me convencieron, aunque tampoco estaba mal. Ambas me parecieron un stout algo subido de lúpulo más que Black IPA.

Así que me pedí una pinta de la Baxter, que estaba muy buena, de color muy oscuro pero no totalmente negro, con espuma morena abundante. Aromas florales, un poco a chocolate y también algo a mar/ostras. El sabor es ahumado, torrefacto y a café, con un final amargo bastante seco y con un punto salado. Me gustó, le pongo un 7. Me la sirvieron en un vaso de Baxter muy curioso, con forma de lata. Resulta que esta marca es la primera de Nueva Inglaterra en presentar todas sus cervezas en lata, y debe ser que por eso usan vasos con esta forma.

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Vaso-lata de Baxter con Daughter of Poseidon dentro

La verdad es que estaba la mar de a gusto en este sitio y me hubiera pedido dos o tres birras más, pero se me echó el tiempo encima y había que irse. Volveré algún día, porque probablemente este fue el bar que más me gustó de los que visité en este viaje.

Sunset Grill & Tap (Boston)

Este bar, situado en el barrio de Allston (130 Brighton Av) en la zona oeste de Boston, es una pasada. Nada menos que 120 grifos con todo tipo de cervezas, aunque hay claro predominio de californianas y “nuevo inglesas” (que según wikipedia ese es el gentilicio de Nueva Inglaterra), y un buen número de belgas.

Todas ellas bien ordenaditas por tipo en una carta apretadísima que consigue meter a todas en una sola página, con lo que solo se indica el % de alcohol y la procedencia, no cabe más.

El bar es grande, con dos salas y una única barra en forma de U, común para ambas. Hay un brazo de la U en cada sala, con una pared en medio y una abertura en el arco de la U por donde pasan la barra y los camareros de una sala a otra. No hay gran diferencia entre ambas salas, las dos tienen la típica decoración de sports bar americano, con muchas teles, carteles de neón, y estanterías llenas de botellas de cerveza detrás de la barra.

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Vista de la sala principal desde la barra

Los grifos están casi todos juntitos, en un impresionante alineamiento, en la pared que cierra la parte abierta de la U, donde hay otra puerta-pasaje entre ambas salas. Hay además otros tiradores dispersos a lo largo de la barra.

El sitio es grande, con muchas mesas y techo alto. Nosotros fuimos a la hora de comer de un día laborable y estaba bastante muerto, habría unas 10-15 personas que en todo ese espacio no llegaban a formar ambiente. Nos sentamos en la barra, al lado de un tío con pinta de cliente habitual que parecía estar en su hora de descanso (llevaba el uniforme de una tienda cercana) y que se bajó un buen número de cervezas en la horita y pico que estuvimos ahí, mientras charlaba pausadamente con las camareras.

Ante tan inmensa oferta de birras, y viendo que no se podían pedir medias pintas, opté por empezar con un “sampler” de cuatro cervezas. Eso sí, convencí a la simpatiquísima y muy entendida camarera (griega, para más datos) de que me trajera los vasitos –de 15cl- según me los iba bebiendo en lugar de todos a la vez, lo cual elimina la ansiedad de beberrápidonoseaqueseoxidenlasotrasoselesvayalaspuma.

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De como meter 120 birras en una hoja

Comencé con la californiana Firestone Walker Pale 31, cerveza de la que había oído hablar y que me gustó mucho. Es dorada, con espuma blanca y un intenso aroma resinoso, con buena cantidad de lúpulo sin cansar y ligera de cuerpo (tiene 4,8%). Me pareció de 8, me quedé con ganas de haber pedido una pinta entera.

Luego me aventuré con una desconocida, la Mary of the Gael de Mystic, de Massachusetts. Una Saison de 6,7%, dorada, y que estaba buena pero no transmitía nada especial. Un 6.

Seguí con una IPL, India Pale Lager, uno de esos “neo-estilos” que salen como setas y muchas veces parecen más una técnica de márketing que un genuino intento de describir un nuevo tipo. Se trataba de la Jack’s Abby Hoponius Union, también de Massachusetts, y debo decir que en este caso la cerveza respondía exactamente a lo que uno asocia a “India Pale Lager”, que me imagino que igual cada uno asociará una cosa distinta, pero a mí se me vino a la cabeza justo lo que es esta cerveza: una lager rubia, subidita de lúpulo, muy aromática y con más cuerpo y alcohol (6,7%) que las lager “normales”. Le doy un 7. Por cierto que la vi ayer en El Cervecero en Las Rozas, así que está disponible en España, la recomiendo.

Terminé el sampler con otra birra que tenía en el radar: la Dogfish Head 90 Minute IIPA, de Delaware. Una Imperial IPA de 9% excelente, de color dorado, con una gran cantidad de lúpulo bien compensado con una no menor cantidad de malta. En Ratebeer comentan que la revista Esquire la nombró “Best IPA in America”, y no sé yo si llega a tanto pero seguramente esté en el top 10. Para mí un 9.

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Alineamiento de tiradores

Tras una pausa y comernos una hamburguesa –y advierto que la comida en este sitio no está a la altura de la cerveza-, me animé a por otro sampler.

Comencé esta vez con la Magic Hat Pistil, de Vermont; había probado hace mucho alguna cerveza de esta marca y tenía buen recuerdo de ellas. Esta es un Summer Ale ligerito (4,5%) bastante refrescante y con mucho sabor. Lleva pétalos de diente de león, lo que le da un aroma floral cuando menos original. Con todo, tampoco me entusiasmó. Le pongo un 6.

La siguiente fue otra de mi “wish list”, y no me decepcionó: la Stone Smoked Porter with Chipotle Peppers, una frikada de los de San Diego que a pesar de tener 5% es potente y con un sabor rotundo a la par que extraño. Es muy muy negra, con una corona de espuma que no se va ni con agua caliente, se agarra al fondo del vaso hasta el final. El sabor es… a chipotle, es decir, ahumado y picante, el lúpulo y la malta asoman la cabecita lo justo para estar ahí y dar coherencia al conjunto. Es rara, pero me gustó mucho, un 8.

Era difícil superar el listón y la Evil Genius Forsaken Hoppy Amber, de Pennsylvania, no lo logró. Tiene 6,5%, un color cobrizo transparente, menos lúpulo del que su nombre sugiere, un sabor agradable pero con notas torrefactas y de levadura que estropean el final, y un aroma no demasiado intenso. Llega al 6 siendo bueno.

Terminé la sesión en este glorioso establecimiento con una más de mis deseadas, otra californiana: la Bear Republic Racer 5. Muy buena. Una IPA rubia, muy lupulada como esperaba y con mucho cuerpo para equilibrar, 7% de alcohol que se notan en su justa medida. De 8.

Y con esto nos fuimos, yo encantado de la vida y mi acompañante, poco cervecero, no tanto pero feliz de ver mi sonrisa de oreja a oreja. Y eso que llovía a mares. Cómo mola Boston!

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Botellas tras la barra

Bukowski Tavern- Dalton Street (Boston)

Comienzo mi repaso a los grandes templos de la cerveza de Boston con esta taberna situada en el barrio de Back Bay (uno de los más elegantes de la ciudad), en el 50 de la calle Dalton, semiesquina Boylston, a unos 500 metros de la línea de llegada del maratón de tan triste recuerdo en 2013.

Aclaro esto porque hay otra Bukowski Tavern de los mismos dueños, situada en la vecina Cambridge, a la que por desgracia no pude ir, así que todo lo que aquí se dice se refiere a la sucursal en Dalton Street.

El sitio por fuera parece un poco un barucho de mala muerte y al entrar se ve que es más bien pequeño y un poco oscuro, pero limpio y bien puesto. Les gusta mucho esto de los sitios con poca luz a los yanquis. Era un día laborable justo a la hora de salir del trabajo, así que había bastante gente y la barra estaba llena, con lo que me tuve que poner en una mesa. Ambiente animado –sin tampoco ser una fiesta- con buena música de fondo.

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Vista desde la entrada

Tienen 20 grifos casi todos con cervezas americanas, pero había un par de alemanas e incluso una de Nueva Zelanda. Buena selección pero las hay mejores. Una gran ventaja de este sitio es que se puede pedir pinta o media pinta (el único de todos los que visité que daba esta opción), que para mí es la medida óptima: suficiente cantidad de cada cerveza para disfrutarla pero lo suficientemente pequeña como para poder probar muchas. Otra cosa buena que tiene este sitio es que tiene wifi gratis, que resulta que no es algo tan normal por estos lares como yo creía.

No me gustó que en la carta las birras estaban totalmente desordenadas y con poca información (solo nombre, procedencia y grado alcohólico), con lo que es complicado elegir. Por suerte la diligente camarera, hiperatenta y con un aire a lo Liza Minelli, supo responder mis preguntas con paciencia y conocimiento, lo cual facilitó bastante la tarea.

Que vamos, que de entrada no es que me complicara mucho la vida, fue ver que tenían Lagunitas IPA y lanzarme directamente a por ella. Le tenía muchas ganas a esta birra, aunque los recientes comentarios sobre el barril que se pinchó en el BBF me rebajaron un poco las expectativas. A mí me encantó, la encontré plena de sabor y con un amargor muy bien integrado en su 6,2%, le doy un 8.

Luego probé la Anderson Valley Keebarlin’, más floja en alcohol (4,2%) pero no en calidad. Una American Pale Ale “de sesión” ligera y refrescante pero con un aroma a lúpulo buenísimo (lleva 100% Columbus) y un regusto de lo más agradable. Otro 8.

Tras otro interrogatorio a la camarera, que atendía todas las mesas con eficiencia casi hiperactiva, opté por probar la Otter Creek Fresh Slice White IPA, de Vermont, todavía más ligera y refrescante que la anterior a pesar de ser sobre el papel más fuerte (5,5%). Es una especie de witbier, aromatizada con cilantro y clementina, más una importante dosis de lúpulo. Me gustó mucho, aunque quizá un poco por debajo de las otras dos. Un 7.

Continuó el festival con la The Shed Mountain Ale, también de Vermont y fabricada por Otter Creek para The Shed. Ratebeer la clasifica de Old Ale, podría también decirse que es una Brown Ale, el caso es que está buena sin ser una maravilla, sobre todo después de las otras. Le encontré un punto dulzón que no me convenció demasiado. Para mí un 6.

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Vista desde mi mesa

Para terminar opté por lanzarme a la piscina y elegir una desconocida solo por su sugerente nombre y porque era de la región: Downeast Barrel Aged Batch#5, de 10%. Un brebaje extraño, amarillo turbio, sin espuma, sin ningún rastro de lúpulo, bastante ácida pero con mucha fruta que la balanceaba bien. Estaba devanándome los sesos sobre cómo clasificarla (Sour Ale? Gruit? Mezcla de Lambic con algo? Ida de olla sin ton ni son?) cuando pregunté a la camarera y me dijo que era… una sidra!!! Si cuando digo que la carta daba poca información…

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Así de rara se veía la no-cerveza de Downeast…

Tras este patinazo pedí la cuenta (ojo, no aceptan tarjetas), abandoné el local y me perdí entre el gentío bajo un bonito atardecer lluvioso tan típicamente bostoniano.

Impresiones cerveceras de Boston

Acabo de regresar de estar unos días en Boston, donde además de reencontrarme con viejas amistades me he inflado a probar birras interesantísimas, el panorama cervecero bostoniano es realmente impresionante.

Yo pasé en esta bella ciudad un par de años a mediados de los noventa, cuando la moda de las microbreweries (entonces el término “craft beer” prácticamente ni existía) empezaba a convertirse en toda una revolución. Casi veinte años más tarde puede decirse que la revolución ha triunfado rotundamente, pues en todas partes se encuentran cervezas de calidad y el número de bares especializados ha crecido exponencialmente. Lejos quedan aquellos oscuros años en que al preguntar al camarero qué cervezas tenían la respuesta invariablemente era “Bud, Bud light, Miller, Miller light, Coors, Coors light, Heineken and Amstel light” o cualquier combinación de las anteriores.

Además, han surgido varios establecimientos que son auténticos paraísos para el Beer Hunter, algunos con más de 100 grifos. En esta ocasión pude visitar varios, que reseñaré en futuros posts, que si no esto me queda todavía más largo de lo que ya es.

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El Sunset Grill & Tap les gana a todos con 120 grifos

Y la mejora no se queda en la enorme amplitud de la oferta disponible, sino también en la calidad del producto. De las casi 50 cervezas que probé solo hubo una que no me gustó, la Shock Top Belgian White, un simulacro de witbier insulso y aguachirriesco que probé sin saber nada de ella, y tras investigar en Internet descubrí que era de… Anheuser-Busch. Vamos, un nuevo intento patético de los gigantes por apuntarse a la moda craft.

También se cuida mucho la calidad del servicio. En USA los camareros se ganan la vida a base de propinas, y eso se nota en la amabilidad y rapidez con la que te atienden (si hablas inglés y no pides cosas raras, eso sí…). Pero es que además todos los barmen –y barwomen- con los que hablé tenían un nivel cervecero francamente alto y sabían explicar bastante bien cómo eran unas u otras cervezas de la carta.

Las cartas es precisamente otra cosa que me ha sorprendido positivamente, todos los bares tienen carta escrita –que aprendan algunos-, actualizadas y por lo general clasificadas por tipos y/o con buena información sobre cada cerveza para que el cliente pueda orientarse. En muchos casos incluso indican con un asterisco las cervezas que son de proximidad, para los interesados en el producto local.

La variedad de cervezas es muy grande, aunque dominan los estilos americanos: American Pale Ale, IPAs, IIPAs, American Strong Ale, etc. También se ven bastantes petrolacos y un buen número de cervezas estilo belga made in USA, parece que es la nueva moda. Lo que me sorprendió es que en ninguno de los sitios que estuve tenían pinchada ninguna Lambic, creía que era algo que estaba más en auge por esos lares pero parece ser que no es así. De lo que sí hay mucho es barrel aged, sour y alguna frikada que otra (que ya comentaré en los siguientes posts).

Casi todos los bares tenían varios grifos para cask (hand pumps), aunque luego la inmensa mayoría no tenían nada en ellos, la respuesta habitual era “en este momento no hay ninguna cerveza de cask, pero en x días tendremos tal y cual”. Una pena, a ver si a la próxima tengo mejor suerte (o se animan a servir cask de forma permanente…).

Por regiones geográficas, abrumadora mayoría de California y Nueva Inglaterra, con cierta presencia de la zona de la capital (DC, Maryland, Delaware) y Colorado. Bastante poco del resto del país, y nada de Canadá. Otra sorpresa fue que casi no había ninguna de Flying Dog, debe ser que allí igual no tiene tanto prestigio como de este lado del Atlántico.

En cuanto a extranjeras, las belgas son clara mayoría (la Duchesse de Bourgogne estaba en todas partes), seguidas de alemanas (mucha weizen), y poco más. Salvo alguna Mikkeller, artesanas europeas muy poquitas. Y de UK absolutamente nada. Mención especial para Ca L’Arenys, cuyas Guineu Riner y Guineu No Sucks estaban pinchadas en dos sitios, grata sorpresa!

Por criticar algo, no me gustó que la mayoría de bares sirvan las cervezas de barril en tamaño único (por lo general 1 pinta o 12 fl. oz., o sea 47 ó 35 cl respectivamente), sin dar opción a medias medidas. Algunos sitios permiten pedir un “sampler” con 4 vasos de 5 fl. oz. (15 cl) de cervezas distintas, pero eso se queda muy pequeño y además te obliga a pedir de cuatro en cuatro.

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Marchando un sampler variadito

Los precios, aceptables. Incluso algo más baratos que los de las artesanas por aquí. La mayoría de cervezas salen por 7-8 dólares la pinta (5-6 euros), y las más potentes llegan a 10-12 (7,5-9 euros). Las que sí se van de precio son las de importación (ej: medio litro de Andechs Dunkelweizen por 10 dólares), tal vez por eso hay menos de las que esperaba.

Lo que más me agradó, como decía antes, fue ver que en cualquier sitio, desde restaurantes italianos, japoneses, o bares de copas, siempre hay alguna cerveza digna de tal nombre. Las más ubicuas, como era de esperar, son las locales Samuel Adams Boston Lager y Harpoon IPA, más los Summer Ales de ambas marcas, dadas las fechas en las que estamos. Pero también otras como Allagash o Smuttynose están presentes con cierta frecuencia. Y ya, cuando vas a un sushi bar y tienen Ommegang Hennepin, te das cuenta de que aquí la cerveza de calidad ha llegado definitivamente al gran público. Qué envidia.

Un sitio que me llamó la atención especialmente fue el Post 390 (Stuart street con Clarendon, en Back Bay), un restaurante y bar de copas de moda muy pijo que tenía una selección corta pero impresionante. Fuimos a tomar una copa bastante tarde después de cenar y acabé probando nada menos que la Stone Ruination IPA (Imperial IPA de 7,7%, buenísima) seguida de una Lexington Kentucky Bourbon Barrel Ale (American Strong Ale de 8,2%, también estupenda) y ya me vine arriba y pedí –un poco a ciegas- un botellón de 75cl de “Absence of Light” para el grupo, un Imperial Stout de estilo belga (7,4%) fantástico, producido por Idle Hands Craft Ales en Everett, Massachusetts. Para ir con la idea de tomar un gintonic o un güisquito, no estuvo nada mal!!

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Inquietante etiqueta para una cerveza de inquietante nombre

Para terminar, otro descubrimiento inesperado: la Peak Organic IPA, una cerveza de la que nunca había oído hablar y que me pareció muy recomendable. La vi en una cena-cóctel a la que asistí y la pedí por aquello de no tomar otra Sam Adams, pero sin esperar gran cosa. La bofetada de lúpulo que te arrea con el primer trago me pilló con la guardia baja, y luego ya recuperado pude apreciar mejor su sabor, muy amargo, fresco y aromático (lleva Amarillo, Simcoe y Nugget), y bastante más equilibrado de lo que me pareció inicialmente. Sus 7.1% se notan poco, así que cuidadín con ella. La fabrican en las instalaciones de The Shipyard en Portland (Maine).

Y ya no me enrollo más, ahora iré poco a poco subiendo entradas sobre los principales bares que visité y los deliciosos brebajes que probé en ellos.

I Love Boston!!!

En la 4ª Feria de la Cerveza Artesana en L’Europe

Ayer y anteayer se celebró en L’Europe la cuarta edición de esta feria semestral, que lleva camino de convertirse en un clásico en la capital. La fórmula fue la misma que en anteriores ediciones y que tan buen resultado está dando: unos 25-30 grifos repartidos por toda la cervecería en 12 puestos de productores españoles, más algunos grifos adicionales de los del propio bar con productos extranjeros y alguna que otra sorpresa. Sencillo y efectivo.

Entrada libre, vasos de cristal proporcionados por L’Europe (sin tener que lavarlos uno mismo, un puntazo), y cervezas a 2,5 euros la media pinta. Esto fue quizá el único punto negativo que resaltaría: si no recuerdo mal, en la 2ª edición (la única a la que había ido) el coste era 2 euros, que no solo es sensiblemente más barato, sino también mucho más cómodo para gestionar el cambio. Como novedad, esta vez se permitía pedir un cuarto de pinta, lo cual se me hace excesivamente pequeño así que pasé olímpicamente de esta posibilidad.

Otra novedad, todo un acierto para mí, fueron los platos de jamón recién cortado que podían pedirse en la barra por 8 euros, una gran idea para comer algo entre birra y birra. Por supuesto, había además salchichas y otras especialidades de la casa para quien lo prefiriese.

feria l'europe

Ambiente tranquilo el lunes después de comer

Sobre el papel, el elenco de productores presentes pintaba muy bien, con varias marcas bastante nuevas (Brux, Zeta, La Quince, Mustache), alguna que ya tenía ganas de probar (Sevebrau, Keltius) y otras muy conocidas y consagradas (Pirata, Cibeles, Medina). La lista la completaban Vier, Gruit y Lluna.

Debo decir que salí muy satisfecho con lo que probé y con el buen ambiente que hubo en toda la feria. Yo estuve el domingo a última hora y el lunes hasta las 6 de la tarde más o menos. Fueron dos sesiones muy diferentes: el domingo estaba lleno, con ambientazo, pero sin demasiadas apreturas y desde luego sin colas para pedir; el lunes el tema empezó flojito y se fue animando a medida que avanzaba el día.

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Para mí, Sevebräu fue el gran descubrimiento de la feria

De las cervezas catadas destacaría la Seveboris IPA de Sevebräu (7%), una colaboración con Boris de Mesones que no tiene nada que envidiar a las mejores IPA americanas, me pareció buenísima (y la Gusti Export tampoco estaba nada mal). También me gustó mucho la Vanilla Black Velvet de La Quince (en colaboración con Guineu), un Imperial Stout de 9,5% rotundo, con un aroma a vainilla de Madagascar que le queda sorprendentemente bien. Otra que me encantó fue la Vierfest, una Red IPA especial para celebrar el primer aniversario de esta marca vallisoletana, de 7%, con 100 IBUs que se notan pero quedan bastante bien balanceados con una buena dosis de malta caramelo. Me confirmó las buenas sensaciones que me dejó la Vier IPA que había probado recientemente en botella (y que también tome de barril en la feria, muy buena).

Mención especial para la orensana Keltius, una marca que probé por primera vez y me causó una buena impresión. Las Keltius 2.0, Mosteiro y Miño definitivamente merecen la pena, pero la que me llamó más la atención fue la Keltius Kince Lupulus, una Imperial IPA de 7,5% con 15 lúpulos diferentes que entra francamente bien y tiene un aroma cítrico delicioso. Es una colaboración a tres bandas entre Keltius, La Quince y el bloguero Humulus Lupulus. Enhorabuena a los tres.

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El rincón de Keltius. Merecía la pena llegar hasta el fondo

En cuanto a frikadas, la palma se la llevó la Dawat 18,41, que en principio era la estrella de la feria. Se pinchó el lunes a primera hora y los primeros en catarla fueron los propios expositores, a los que en general pareció gustarles bastante. Es una Eisbock de 18,41% -la birra más fuerte que he probado hasta la fecha- muy bien camuflados, si no te lo dicen uno pensaría que no tiene más de 10 o 12%. Es bastante dulzona pero pasable, más parecida a un licor de sobremesa que a una cerveza. A mí no me va demasiado este estilo, así que no la recomendaría salvo por la curiosidad de probar algo tan diferente. Es cara: se servía en vasos poco más grandes que un chupito, por 3€ cada uno.

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La Dawat 18’41 era uno de los principales reclamos… ¿mucho ruido y pocas nueces?

Otra rareza que probé fue la Timmermans Oude Lambiek, que tiene su gracia pero es la cosa más ácida que me he llevado a la boca en mucho tiempo, se han pasado. No está mal después de que uno se acostumbra a su acidez tras un par de sorbos, pero dudo que muchos puedan beberse más de un vaso.

También hubo tiempo a probar las dos Gruit que había de barril, la Inferno (9%) y la Amber (6,6%), muy diferentes a todas las demás. Como su nombre indica, no llevan lúpulo (bueno, me dijeron que la Inferno sí lleva algo) y están aromatizadas con otras hierbas (milenrama, artemisa, mirto). El resultado es sorprendentemente bueno, desde luego mejor de lo que esperaba, y merece la pena probarlas. Me gustó casi más la Amber aunque la Inferno es más contundente y parecida a las cervezas “normales”.

La Zeta Helles me gustó bastante, aunque es un estilo poco dado al lucimiento. Esta marca lleva solo unos meses en el mercado, habrá que estar atento a los nuevos tipos que puedan sacar. En cuanto a los vallisoletanos de Brux, que también llevan poco en esto, trajeron dos cervezas (Akelarre y Corvus) sólidas, bien hechas pero sin tampoco destacar demasiado.

pirata

La Pirata volvió a dejar el pabellón bien alto

Y este repaso a las cervezas bebidas no puede terminar sin hablar de los dos birrotes de La Pirata que pude volver a tomar: la Mayo y la Black Bock, buenísimas. Esta casa se está consagrando como una de las mejores de España a mi modesto entender.

Lo mejor fue que no hubo ninguna cerveza que no me gustase, ni detecté ninguna en mal estado ni nada por el estilo. Así que el nivel cervecero de la feria en mi opinión fue francamente alto, diría que por encima de la edición de mayo del año pasado. Enhorabuena a organizadores y participantes.

Resumiendo, disfruté un montón de este evento, que además tiene el atractivo de ser pequeño y cercano, con lo que es fácil hablar largo y tendido con los productores, conocer a otros bloggers, etc. Me volvió a demostrar una vez más que las ferias suelen ser mucho más interesantes que los festivales, que en definitiva vienen a ser simplemente como un gran bar, sin el aliciente de tratar directamente con el productor ni poder comprar botellas para llevar. Y soluciones como el “meet the brewer” en el BBF no son lo mismo, no pueden sustituir la espontaneidad de ir de puesto en puesto charlando con unos y otros.

Espero que siga la tradición y este otoño tengamos otra feria en L’Europe. Nos vemos por allí!