Meadhall (Cambridge, USA)

Bastante cerca de la CBC, en la esquina de Ames Street con Broadway, también en Cambridge, está este relativamente nuevo (abrió en 2011) paraíso cervecero. Cuenta con algo más de 100 grifos, lo que le sitúa en el segundo lugar del área metropolitana de Boston tras el Sunset Grill & Tap en cuanto a variedad de cerveza de barril.

Estuvimos dos veces, una para comer y otra después de cenar con un grupo grande, y parecía un sitio diferente. La primera vez estaba medio vacío y un poco frío, con un techo muy alto, mucha luz natural (lo que se agradece) y una decoración un tanto X, ni clásica ni del todo moderna.

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La segunda vez había mucha más gente, luz justa para ver la birra, buena música y ambientazo (era sábado noche). Además, hacía una noche fantástica y tenían los enormes ventanales abiertos, dando la sensación de estar en una terraza. Increíble cómo cambia el tiempo en Boston de un día para otro.

El sitio tiene una original barra elíptica en mitad de la sala principal (hay otra sala más pequeña con otra barra en el piso de arriba), con todos los grifos en línea en medio de la elipse. Esto le da una gran longitud de barra y rápido acceso a todos los grifos, lo que facilita el servicio, que era francamente bueno y rápido.

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Media barra y grifos vistos desde el piso de arriba

La selección de birras, impresionante como era de esperar, con dominio de California, muchas de otras áreas de USA y bastantes belgas. Un buen detalle es que cada cerveza se sirve en su vaso, con el logo de la marca. Que seguramente da un poco igual a la hora de que la birra sepa mejor o peor, pero mola. Lo que no mola tanto es que no sirven medias pintas, así que no puede darse rienda suelta a la curiosidad y liarse a probar todo lo que uno quisiera…

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Pizarrón con todas las birras por estilos

Hay también un enorme pizarrón estilo BBF que indica todas las cervezas disponibles en ese momento, clasificadas por estilos, y facilita la elección.

Entrando en materia, en la primera sesión que estuve aquí comencé con una Lost Nation Gose, 4,5%, de Vermont, que me sorprendió por el color rubio, la esperaba más oscura como las otras (pocas) Gose que he probado. Ligera de cuerpo, sabor ligeramente salado y sin grandes alardes. Un 6

Siguió la californiana Lagunitas New Dogtown Pale Ale, 6,2%, color dorado translúcido, muy buen aroma a lúpulo fresco, sabor muy amargo con un toque perfumado agradable. Un birrote, un 8.

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Cada birra en su vaso. Buen detalle

Cambiando de costa opté por la Dogfish Head Sixty One de Delaware, una peculiar IPA de 6,5%. Es peculiar porque lleva mosto de uva Syrah, lo que le da un toque rojizo precioso. Bastante transparente, poca espuma, aroma menos lupulado de lo que se espera de una IPA americana, y el sabor también más maltoso de lo habitual en el estilo en estos tiempos, aunque obviamente se nota bastante lúpulo. El toque vinoso que le da la uva se nota más al final. Me gustó, le doy un 7.

Otra vez vuelta para California para terminar con la Big Bear Black Stout de Bear Republic , un imperial stout de libro, 8,1%, petrolaco total muy negro, sabor muy torrefacto y sedoso en boca. Buena pero nada tremendamente especial, le pongo un 6.

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Grifos. Al otro lado de la barra hay otros tantos

La segunda vez que estuve, un par de días después, disfrutamos de una magnífica velada con un grupo de amigos después de cenar. Como podéis imaginar no me puse a tomar notas de cata y me limité a disfrutar las birras de forma más relajada.

Empencé con la Sierra Nevada Summerfest, una pilsner de 5% más que buena, de 7. Luego la buenísima Green Flash 30th Street Pale Ale, 6%, a la que pondría un 8 bien ganado. Seguí con una magnífica Great Divide Rumble Oak Aged, una IPA de 7,1% llegada de Colorado y que llega al 9 con holgura. Para terminar, la incomensurable Yeti, también de Great Divide, un Imperial Stout de 9,5% que también está de 9.

Y tras todo eso, al hotel a dormir como un campeón.

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Carta de cervezas. Bien estructurada, clara y sucinta. Como debe ser. Sigue por la otra cara…

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Sunset Grill & Tap (Boston)

Este bar, situado en el barrio de Allston (130 Brighton Av) en la zona oeste de Boston, es una pasada. Nada menos que 120 grifos con todo tipo de cervezas, aunque hay claro predominio de californianas y “nuevo inglesas” (que según wikipedia ese es el gentilicio de Nueva Inglaterra), y un buen número de belgas.

Todas ellas bien ordenaditas por tipo en una carta apretadísima que consigue meter a todas en una sola página, con lo que solo se indica el % de alcohol y la procedencia, no cabe más.

El bar es grande, con dos salas y una única barra en forma de U, común para ambas. Hay un brazo de la U en cada sala, con una pared en medio y una abertura en el arco de la U por donde pasan la barra y los camareros de una sala a otra. No hay gran diferencia entre ambas salas, las dos tienen la típica decoración de sports bar americano, con muchas teles, carteles de neón, y estanterías llenas de botellas de cerveza detrás de la barra.

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Vista de la sala principal desde la barra

Los grifos están casi todos juntitos, en un impresionante alineamiento, en la pared que cierra la parte abierta de la U, donde hay otra puerta-pasaje entre ambas salas. Hay además otros tiradores dispersos a lo largo de la barra.

El sitio es grande, con muchas mesas y techo alto. Nosotros fuimos a la hora de comer de un día laborable y estaba bastante muerto, habría unas 10-15 personas que en todo ese espacio no llegaban a formar ambiente. Nos sentamos en la barra, al lado de un tío con pinta de cliente habitual que parecía estar en su hora de descanso (llevaba el uniforme de una tienda cercana) y que se bajó un buen número de cervezas en la horita y pico que estuvimos ahí, mientras charlaba pausadamente con las camareras.

Ante tan inmensa oferta de birras, y viendo que no se podían pedir medias pintas, opté por empezar con un “sampler” de cuatro cervezas. Eso sí, convencí a la simpatiquísima y muy entendida camarera (griega, para más datos) de que me trajera los vasitos –de 15cl- según me los iba bebiendo en lugar de todos a la vez, lo cual elimina la ansiedad de beberrápidonoseaqueseoxidenlasotrasoselesvayalaspuma.

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De como meter 120 birras en una hoja

Comencé con la californiana Firestone Walker Pale 31, cerveza de la que había oído hablar y que me gustó mucho. Es dorada, con espuma blanca y un intenso aroma resinoso, con buena cantidad de lúpulo sin cansar y ligera de cuerpo (tiene 4,8%). Me pareció de 8, me quedé con ganas de haber pedido una pinta entera.

Luego me aventuré con una desconocida, la Mary of the Gael de Mystic, de Massachusetts. Una Saison de 6,7%, dorada, y que estaba buena pero no transmitía nada especial. Un 6.

Seguí con una IPL, India Pale Lager, uno de esos “neo-estilos” que salen como setas y muchas veces parecen más una técnica de márketing que un genuino intento de describir un nuevo tipo. Se trataba de la Jack’s Abby Hoponius Union, también de Massachusetts, y debo decir que en este caso la cerveza respondía exactamente a lo que uno asocia a “India Pale Lager”, que me imagino que igual cada uno asociará una cosa distinta, pero a mí se me vino a la cabeza justo lo que es esta cerveza: una lager rubia, subidita de lúpulo, muy aromática y con más cuerpo y alcohol (6,7%) que las lager “normales”. Le doy un 7. Por cierto que la vi ayer en El Cervecero en Las Rozas, así que está disponible en España, la recomiendo.

Terminé el sampler con otra birra que tenía en el radar: la Dogfish Head 90 Minute IIPA, de Delaware. Una Imperial IPA de 9% excelente, de color dorado, con una gran cantidad de lúpulo bien compensado con una no menor cantidad de malta. En Ratebeer comentan que la revista Esquire la nombró “Best IPA in America”, y no sé yo si llega a tanto pero seguramente esté en el top 10. Para mí un 9.

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Alineamiento de tiradores

Tras una pausa y comernos una hamburguesa –y advierto que la comida en este sitio no está a la altura de la cerveza-, me animé a por otro sampler.

Comencé esta vez con la Magic Hat Pistil, de Vermont; había probado hace mucho alguna cerveza de esta marca y tenía buen recuerdo de ellas. Esta es un Summer Ale ligerito (4,5%) bastante refrescante y con mucho sabor. Lleva pétalos de diente de león, lo que le da un aroma floral cuando menos original. Con todo, tampoco me entusiasmó. Le pongo un 6.

La siguiente fue otra de mi “wish list”, y no me decepcionó: la Stone Smoked Porter with Chipotle Peppers, una frikada de los de San Diego que a pesar de tener 5% es potente y con un sabor rotundo a la par que extraño. Es muy muy negra, con una corona de espuma que no se va ni con agua caliente, se agarra al fondo del vaso hasta el final. El sabor es… a chipotle, es decir, ahumado y picante, el lúpulo y la malta asoman la cabecita lo justo para estar ahí y dar coherencia al conjunto. Es rara, pero me gustó mucho, un 8.

Era difícil superar el listón y la Evil Genius Forsaken Hoppy Amber, de Pennsylvania, no lo logró. Tiene 6,5%, un color cobrizo transparente, menos lúpulo del que su nombre sugiere, un sabor agradable pero con notas torrefactas y de levadura que estropean el final, y un aroma no demasiado intenso. Llega al 6 siendo bueno.

Terminé la sesión en este glorioso establecimiento con una más de mis deseadas, otra californiana: la Bear Republic Racer 5. Muy buena. Una IPA rubia, muy lupulada como esperaba y con mucho cuerpo para equilibrar, 7% de alcohol que se notan en su justa medida. De 8.

Y con esto nos fuimos, yo encantado de la vida y mi acompañante, poco cervecero, no tanto pero feliz de ver mi sonrisa de oreja a oreja. Y eso que llovía a mares. Cómo mola Boston!

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Botellas tras la barra

Midtfyns/ Munkebo Gleipner Sort IPA

Esta cerveza es fruto de la colaboración entre las danesas Midtfyns Bryghus y Munkebo Mikrobryg. Si he entendido bien la historia (que solo he encontrado en danés y Google Translate tiene sus limitaciones…), la cerveza está hecha en las instalaciones de Midtfyns bajo la batuta del brewer de Munkebo Claus Christensen, que es todo un figura que ha ganado varios campeonatos regionales, nacionales e incluso escandinavos de cervezas artesanas.

El resultado es esta Black IPA (“Sort” es negro en danés, según me acabo de enterar), que lleva el mismo nombre -Gleipner- que otra cerveza ya existente en la gama Munkebo, y que estos clasifican como “Imperial Black IPA” (primera vez que veo este estilo), y que todo pinta que debe ser muy parecida a esta.

Como todos los nombres de las birras de Munkebo, Gleipner viene de la mitología nórdica. Es el nombre de la cadena con la que los dioses ataron al poderoso lobo Fenrir en una cueva. Que no tengo ni idea de la historia del tal lobo, pero lo curioso es que la cadena esa era mágica e irrompible y la fabricaron los enanos utilizando aliento de pez, saliva de pájaro, tendones de oso, raíces de montaña, el sonido de las pisadas de un gato y la barba de una mujer. Tranquilos, que la cerveza no lleva ninguno de esos ingredientes. Luego hubo un terremoto y se rompió la cadena y Fenrir la lió parda, mató a Odín y bueno… se ve que se montó un pifostio importante.

Negra que te quiero negra

Negra que te quiero negra

Volviendo a la cerveza en sí, está buenísima. Es negra como la noche, espuma pardogrisácea, compacta, generosa y duradera. Pinta de petrolaco total. Aroma bastante alcohólico (tiene 9,1%) y maltoso, algo de lúpulo pero menos de lo que cabe esperar en una Black IPA. Al probarla se confirman estas sensaciones y se descubre además un regusto torrefacto, un poco a café, y la noté más dulce que amarga, aunque insisto en que lúpulo sí se nota, el justo para que tenga un balance para mí casi perfecto.

En boca es sedosa, densa, la puedes masticar, meriendas con ella. Yo la veo más cercana a un Imperial Stout que a una Black IPA, la verdad. En cualquier caso es una maravilla para beber con tranquilidad, relajándote en un sillón en una oscura tarde de invierno.

La botella es de 50cl, la compré por 4,85 Euros en Cervezorama. Los doy por muy bien invertidos, le pongo un 9.

Podéis encontrar otra opinión (algo diferente a la mía, aunque coincide en que está buenísima) en el blog de Boy Stout.