Impresiones cerveceras de Boston

Acabo de regresar de estar unos días en Boston, donde además de reencontrarme con viejas amistades me he inflado a probar birras interesantísimas, el panorama cervecero bostoniano es realmente impresionante.

Yo pasé en esta bella ciudad un par de años a mediados de los noventa, cuando la moda de las microbreweries (entonces el término “craft beer” prácticamente ni existía) empezaba a convertirse en toda una revolución. Casi veinte años más tarde puede decirse que la revolución ha triunfado rotundamente, pues en todas partes se encuentran cervezas de calidad y el número de bares especializados ha crecido exponencialmente. Lejos quedan aquellos oscuros años en que al preguntar al camarero qué cervezas tenían la respuesta invariablemente era “Bud, Bud light, Miller, Miller light, Coors, Coors light, Heineken and Amstel light” o cualquier combinación de las anteriores.

Además, han surgido varios establecimientos que son auténticos paraísos para el Beer Hunter, algunos con más de 100 grifos. En esta ocasión pude visitar varios, que reseñaré en futuros posts, que si no esto me queda todavía más largo de lo que ya es.

sunset grill

El Sunset Grill & Tap les gana a todos con 120 grifos

Y la mejora no se queda en la enorme amplitud de la oferta disponible, sino también en la calidad del producto. De las casi 50 cervezas que probé solo hubo una que no me gustó, la Shock Top Belgian White, un simulacro de witbier insulso y aguachirriesco que probé sin saber nada de ella, y tras investigar en Internet descubrí que era de… Anheuser-Busch. Vamos, un nuevo intento patético de los gigantes por apuntarse a la moda craft.

También se cuida mucho la calidad del servicio. En USA los camareros se ganan la vida a base de propinas, y eso se nota en la amabilidad y rapidez con la que te atienden (si hablas inglés y no pides cosas raras, eso sí…). Pero es que además todos los barmen –y barwomen- con los que hablé tenían un nivel cervecero francamente alto y sabían explicar bastante bien cómo eran unas u otras cervezas de la carta.

Las cartas es precisamente otra cosa que me ha sorprendido positivamente, todos los bares tienen carta escrita –que aprendan algunos-, actualizadas y por lo general clasificadas por tipos y/o con buena información sobre cada cerveza para que el cliente pueda orientarse. En muchos casos incluso indican con un asterisco las cervezas que son de proximidad, para los interesados en el producto local.

La variedad de cervezas es muy grande, aunque dominan los estilos americanos: American Pale Ale, IPAs, IIPAs, American Strong Ale, etc. También se ven bastantes petrolacos y un buen número de cervezas estilo belga made in USA, parece que es la nueva moda. Lo que me sorprendió es que en ninguno de los sitios que estuve tenían pinchada ninguna Lambic, creía que era algo que estaba más en auge por esos lares pero parece ser que no es así. De lo que sí hay mucho es barrel aged, sour y alguna frikada que otra (que ya comentaré en los siguientes posts).

Casi todos los bares tenían varios grifos para cask (hand pumps), aunque luego la inmensa mayoría no tenían nada en ellos, la respuesta habitual era “en este momento no hay ninguna cerveza de cask, pero en x días tendremos tal y cual”. Una pena, a ver si a la próxima tengo mejor suerte (o se animan a servir cask de forma permanente…).

Por regiones geográficas, abrumadora mayoría de California y Nueva Inglaterra, con cierta presencia de la zona de la capital (DC, Maryland, Delaware) y Colorado. Bastante poco del resto del país, y nada de Canadá. Otra sorpresa fue que casi no había ninguna de Flying Dog, debe ser que allí igual no tiene tanto prestigio como de este lado del Atlántico.

En cuanto a extranjeras, las belgas son clara mayoría (la Duchesse de Bourgogne estaba en todas partes), seguidas de alemanas (mucha weizen), y poco más. Salvo alguna Mikkeller, artesanas europeas muy poquitas. Y de UK absolutamente nada. Mención especial para Ca L’Arenys, cuyas Guineu Riner y Guineu No Sucks estaban pinchadas en dos sitios, grata sorpresa!

Por criticar algo, no me gustó que la mayoría de bares sirvan las cervezas de barril en tamaño único (por lo general 1 pinta o 12 fl. oz., o sea 47 ó 35 cl respectivamente), sin dar opción a medias medidas. Algunos sitios permiten pedir un “sampler” con 4 vasos de 5 fl. oz. (15 cl) de cervezas distintas, pero eso se queda muy pequeño y además te obliga a pedir de cuatro en cuatro.

sampler

Marchando un sampler variadito

Los precios, aceptables. Incluso algo más baratos que los de las artesanas por aquí. La mayoría de cervezas salen por 7-8 dólares la pinta (5-6 euros), y las más potentes llegan a 10-12 (7,5-9 euros). Las que sí se van de precio son las de importación (ej: medio litro de Andechs Dunkelweizen por 10 dólares), tal vez por eso hay menos de las que esperaba.

Lo que más me agradó, como decía antes, fue ver que en cualquier sitio, desde restaurantes italianos, japoneses, o bares de copas, siempre hay alguna cerveza digna de tal nombre. Las más ubicuas, como era de esperar, son las locales Samuel Adams Boston Lager y Harpoon IPA, más los Summer Ales de ambas marcas, dadas las fechas en las que estamos. Pero también otras como Allagash o Smuttynose están presentes con cierta frecuencia. Y ya, cuando vas a un sushi bar y tienen Ommegang Hennepin, te das cuenta de que aquí la cerveza de calidad ha llegado definitivamente al gran público. Qué envidia.

Un sitio que me llamó la atención especialmente fue el Post 390 (Stuart street con Clarendon, en Back Bay), un restaurante y bar de copas de moda muy pijo que tenía una selección corta pero impresionante. Fuimos a tomar una copa bastante tarde después de cenar y acabé probando nada menos que la Stone Ruination IPA (Imperial IPA de 7,7%, buenísima) seguida de una Lexington Kentucky Bourbon Barrel Ale (American Strong Ale de 8,2%, también estupenda) y ya me vine arriba y pedí –un poco a ciegas- un botellón de 75cl de “Absence of Light” para el grupo, un Imperial Stout de estilo belga (7,4%) fantástico, producido por Idle Hands Craft Ales en Everett, Massachusetts. Para ir con la idea de tomar un gintonic o un güisquito, no estuvo nada mal!!

absence of light

Inquietante etiqueta para una cerveza de inquietante nombre

Para terminar, otro descubrimiento inesperado: la Peak Organic IPA, una cerveza de la que nunca había oído hablar y que me pareció muy recomendable. La vi en una cena-cóctel a la que asistí y la pedí por aquello de no tomar otra Sam Adams, pero sin esperar gran cosa. La bofetada de lúpulo que te arrea con el primer trago me pilló con la guardia baja, y luego ya recuperado pude apreciar mejor su sabor, muy amargo, fresco y aromático (lleva Amarillo, Simcoe y Nugget), y bastante más equilibrado de lo que me pareció inicialmente. Sus 7.1% se notan poco, así que cuidadín con ella. La fabrican en las instalaciones de The Shipyard en Portland (Maine).

Y ya no me enrollo más, ahora iré poco a poco subiendo entradas sobre los principales bares que visité y los deliciosos brebajes que probé en ellos.

I Love Boston!!!

En la 4ª Feria de la Cerveza Artesana en L’Europe

Ayer y anteayer se celebró en L’Europe la cuarta edición de esta feria semestral, que lleva camino de convertirse en un clásico en la capital. La fórmula fue la misma que en anteriores ediciones y que tan buen resultado está dando: unos 25-30 grifos repartidos por toda la cervecería en 12 puestos de productores españoles, más algunos grifos adicionales de los del propio bar con productos extranjeros y alguna que otra sorpresa. Sencillo y efectivo.

Entrada libre, vasos de cristal proporcionados por L’Europe (sin tener que lavarlos uno mismo, un puntazo), y cervezas a 2,5 euros la media pinta. Esto fue quizá el único punto negativo que resaltaría: si no recuerdo mal, en la 2ª edición (la única a la que había ido) el coste era 2 euros, que no solo es sensiblemente más barato, sino también mucho más cómodo para gestionar el cambio. Como novedad, esta vez se permitía pedir un cuarto de pinta, lo cual se me hace excesivamente pequeño así que pasé olímpicamente de esta posibilidad.

Otra novedad, todo un acierto para mí, fueron los platos de jamón recién cortado que podían pedirse en la barra por 8 euros, una gran idea para comer algo entre birra y birra. Por supuesto, había además salchichas y otras especialidades de la casa para quien lo prefiriese.

feria l'europe

Ambiente tranquilo el lunes después de comer

Sobre el papel, el elenco de productores presentes pintaba muy bien, con varias marcas bastante nuevas (Brux, Zeta, La Quince, Mustache), alguna que ya tenía ganas de probar (Sevebrau, Keltius) y otras muy conocidas y consagradas (Pirata, Cibeles, Medina). La lista la completaban Vier, Gruit y Lluna.

Debo decir que salí muy satisfecho con lo que probé y con el buen ambiente que hubo en toda la feria. Yo estuve el domingo a última hora y el lunes hasta las 6 de la tarde más o menos. Fueron dos sesiones muy diferentes: el domingo estaba lleno, con ambientazo, pero sin demasiadas apreturas y desde luego sin colas para pedir; el lunes el tema empezó flojito y se fue animando a medida que avanzaba el día.

sevebrau

Para mí, Sevebräu fue el gran descubrimiento de la feria

De las cervezas catadas destacaría la Seveboris IPA de Sevebräu (7%), una colaboración con Boris de Mesones que no tiene nada que envidiar a las mejores IPA americanas, me pareció buenísima (y la Gusti Export tampoco estaba nada mal). También me gustó mucho la Vanilla Black Velvet de La Quince (en colaboración con Guineu), un Imperial Stout de 9,5% rotundo, con un aroma a vainilla de Madagascar que le queda sorprendentemente bien. Otra que me encantó fue la Vierfest, una Red IPA especial para celebrar el primer aniversario de esta marca vallisoletana, de 7%, con 100 IBUs que se notan pero quedan bastante bien balanceados con una buena dosis de malta caramelo. Me confirmó las buenas sensaciones que me dejó la Vier IPA que había probado recientemente en botella (y que también tome de barril en la feria, muy buena).

Mención especial para la orensana Keltius, una marca que probé por primera vez y me causó una buena impresión. Las Keltius 2.0, Mosteiro y Miño definitivamente merecen la pena, pero la que me llamó más la atención fue la Keltius Kince Lupulus, una Imperial IPA de 7,5% con 15 lúpulos diferentes que entra francamente bien y tiene un aroma cítrico delicioso. Es una colaboración a tres bandas entre Keltius, La Quince y el bloguero Humulus Lupulus. Enhorabuena a los tres.

keltius

El rincón de Keltius. Merecía la pena llegar hasta el fondo

En cuanto a frikadas, la palma se la llevó la Dawat 18,41, que en principio era la estrella de la feria. Se pinchó el lunes a primera hora y los primeros en catarla fueron los propios expositores, a los que en general pareció gustarles bastante. Es una Eisbock de 18,41% -la birra más fuerte que he probado hasta la fecha- muy bien camuflados, si no te lo dicen uno pensaría que no tiene más de 10 o 12%. Es bastante dulzona pero pasable, más parecida a un licor de sobremesa que a una cerveza. A mí no me va demasiado este estilo, así que no la recomendaría salvo por la curiosidad de probar algo tan diferente. Es cara: se servía en vasos poco más grandes que un chupito, por 3€ cada uno.

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La Dawat 18’41 era uno de los principales reclamos… ¿mucho ruido y pocas nueces?

Otra rareza que probé fue la Timmermans Oude Lambiek, que tiene su gracia pero es la cosa más ácida que me he llevado a la boca en mucho tiempo, se han pasado. No está mal después de que uno se acostumbra a su acidez tras un par de sorbos, pero dudo que muchos puedan beberse más de un vaso.

También hubo tiempo a probar las dos Gruit que había de barril, la Inferno (9%) y la Amber (6,6%), muy diferentes a todas las demás. Como su nombre indica, no llevan lúpulo (bueno, me dijeron que la Inferno sí lleva algo) y están aromatizadas con otras hierbas (milenrama, artemisa, mirto). El resultado es sorprendentemente bueno, desde luego mejor de lo que esperaba, y merece la pena probarlas. Me gustó casi más la Amber aunque la Inferno es más contundente y parecida a las cervezas “normales”.

La Zeta Helles me gustó bastante, aunque es un estilo poco dado al lucimiento. Esta marca lleva solo unos meses en el mercado, habrá que estar atento a los nuevos tipos que puedan sacar. En cuanto a los vallisoletanos de Brux, que también llevan poco en esto, trajeron dos cervezas (Akelarre y Corvus) sólidas, bien hechas pero sin tampoco destacar demasiado.

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La Pirata volvió a dejar el pabellón bien alto

Y este repaso a las cervezas bebidas no puede terminar sin hablar de los dos birrotes de La Pirata que pude volver a tomar: la Mayo y la Black Bock, buenísimas. Esta casa se está consagrando como una de las mejores de España a mi modesto entender.

Lo mejor fue que no hubo ninguna cerveza que no me gustase, ni detecté ninguna en mal estado ni nada por el estilo. Así que el nivel cervecero de la feria en mi opinión fue francamente alto, diría que por encima de la edición de mayo del año pasado. Enhorabuena a organizadores y participantes.

Resumiendo, disfruté un montón de este evento, que además tiene el atractivo de ser pequeño y cercano, con lo que es fácil hablar largo y tendido con los productores, conocer a otros bloggers, etc. Me volvió a demostrar una vez más que las ferias suelen ser mucho más interesantes que los festivales, que en definitiva vienen a ser simplemente como un gran bar, sin el aliciente de tratar directamente con el productor ni poder comprar botellas para llevar. Y soluciones como el “meet the brewer” en el BBF no son lo mismo, no pueden sustituir la espontaneidad de ir de puesto en puesto charlando con unos y otros.

Espero que siga la tradición y este otoño tengamos otra feria en L’Europe. Nos vemos por allí!

El Racó d’en Cesc

Tenía muchas ganas de visitar este restaurante, El Racó d’en Cesc en Carrer Diputació 201, Barcelona. Había leído cosas fantásticas tanto de su cocina como de su bodega de cervezas y de su capacidad de maridarlas con sus magníficos platos. También me lo habían recomendado mucho varios amigos, y este artículo de birraire terminó por cuasiobesionarme con ir a cenar en él. Las expectativas, no sé si lo he dejado claro, eran muy altas.

Por fin en una de mis últimas visitas a Barcelona tuve la oportunidad de ir con unos amigos y la verdad es que me dejó cierto regusto a decepción. No tanto en el aspecto gastronómico, que cenamos bien, sino sobre todo en el cervecero. Y el problema no es el surtido, que tienen muchas y muy buenas birras, sino la filosofía. Me explico: tienen una selección de botellas absolutamente impresionante, posiblemente la mejor de cualquier restaurante en España; pero, al menos esa impresión me dio, casi no las promocionan, no tienen ni carta de cervezas (es más, se jactan de no tenerla), y si uno no se pone pesado diciendo que quiere ver lo que hay tiene que atenerse a lo que le decida traer el sumiller (Edgar Rodríguez), que me pareció un tanto paternalista y me dio la sensación de que asume que ninguno de sus clientes tiene ni pajolera idea de cerveza y que su misión es decidir por ellos. Irritante, cuando menos.

Otro detalle que no me gustó es que el camarero no sabía nombrar la única cerveza que hay de barril. Vale, que Aktienbrauerei Kaufbeuren es un nombrecito largo y complicado, pero que es solo 1 cerveza, joder, tampoco es tan difícil digo yo…

Para mí lo peor es que no haya carta de birras. Cuando la pedí la respuesta fue algo así como “no, es que no creo en tener una carta de cervezas, no aporta nada”. Me quedé pasmao… pregunto entonces por qué de vinos sí que hay carta –excelente, por cierto- y la explicación fue del orden de “es que con los vinos la carta da más juego”. Pues bueno, pues vale, pues me alegro. Así nos va.

Yo ya no quise seguir el absurdo debate, más que nada por respeto al resto de comensales, y opté por levantarme e ir a la vitrina de botellas a ver qué veía. Debo decir que lo que vi era muy, muy bueno y terminé disfrutando de grandes birras, pero no deberían hacerlo tan difícil. Lo increíble es que incluso tienen una cerveza de marca propia, hecha en Fortiverd para conmemorar el 25 aniversario del restaurante, y si no es porque pregunté por ella ni nos la ofrecen. Y está bastante buena, suavecita pero muy rica, ideal para alguien que quiera iniciarse en el mundo de la cerveza artesana.

Cesc 25anys

Total, que la comida estuvo bien y al fin y al cabo me tomé cuatro cervezas muy buenas (excelente la “5”, producida por Naparbier para la tienda 5Titius de Olot). A los postres, Edgar tuvo el acierto de ofrecernos la Baladin Xyauyù Barrel 2010, muy buena y que maridaba perfectamente con lo que habíamos pedido, lo cual compensó en parte la frustración anterior.

naparbier 5 titius

5 lúpulos para los 5 años de 5Titius. Magnífica cerveza y originalísima etiqueta. Enhorabuena a Naparbier

Sin embargo, me quedó la sensación de que tiran piedras contra su propio tejado, de que si no se insiste -y mucho- en saber qué cervezas hay ni se entera uno de que tienen tantas y tan buenas. Así que al final me quedé como Mourinho hace unos años, preguntándome “¿¿Por qué??”, ¿de qué sirve tener una excelente selección si ni la muestras ni se lo pones fácil al cliente para elegir qué birra quiere probar?

Nos quejamos mucho de que la mayoría de restaurantes en este país no prestan a la cerveza la atención que merece y la tienen relegada a un segundo o tercer plano tras el vino y las copas, al nivel del agua y refrescos. Por eso me decepcionó profundamente ver un trato similar –al menos en algunos aspectos- en un establecimiento que en teoría es pionero en la incorporación de la cerveza al ámbito gastronómico.

Cosas oiredes

El otro día estaba disfrutando tranquilamente de una sabrosa FL(ipa) en la Fábrica Maravillas, cuando detrás de mí oigo que un parroquiano espeta al camarero: “Ponme dos pintas de la más tostada que tengas!”

Ostras. La MÁS tostada. Cómo se mide eso? O sea, cuánto más oscura más tostada? Y en qué momento pasa a ser negra y ya no es tostada? Cuál es la esencia de la tostadez? Grandes enigmas de la humanidad.

Nunca me ha gustado clasificar las cervezas por color. Con el vino tiene más sentido porque en general –que hay excepciones, ojo- tintos y blancos suelen tener características bastante diferenciadas. Pero en la cerveza el color no es tan determinante, birras del mismo color pueden ser totalmente distintas en graduación, sabor, amargor, etc, y otras de color diferente pueden parecerse bastante.

Y esto es especialmente cierto en las que aquí llamamos “tostadas”, término vago e inconcreto donde los haya y que- que yo sepa- en el mundo cervecero sólo se utiliza en español (al menos en inglés y alemán no conozco el equivalente). He visto etiquetar como “tostadas” desde cervezas Alt a Dubbel, pasando por Bitter, Dunkelweizen, Brown Ale, Saison o Imperial IPAs. Cuál es la “más tostada” de todas esas??

Marchando dos tostadas

Marchando dos tostadas

Mi teoría –que posiblemente sea una chorrada, pero es la que tengo- es que como aquí hay poca tradición cervecera y hasta hace poco todas las rubias eran iguales y negras había pocas y parecidas, pues a todo lo que no caiga en una u otra categoría se lo ha metido en el cajón de sastre de las “tostadas”. Que aprenderse los nombres de cada estilo es muy complicado, que son todo palabros extranjeros y da pereza.

Sentí mucha curiosidad por saber qué cerveza decidiría el camarero servir al cliente tostadadicto, pero me despisté y me quedé sin enterarme. El misterio continúa.

Por cierto que resulta que la frase que parafraseo en el título –“Cosas veredes, amigo Sancho”- no aparece en el Quijote como creía. Se ve que en realidad la frase es una distorsión de otra del Cantar de Mío Cid –“Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”-, mira tú de lo que se entera uno gracias a la birra (…que me ha dado tanto). Más detalles aquí.

Libro “El mundo de la cerveza artesanal”

Inauguro con esta entrada la sección de literatura cervecera, que me da que va a ser más bien cortita…

Acaba de salir al mercado (muchos lo veríais en el BBF) el libro “El mundo de la cerveza artesanal”, escrito por Sergi Freixes y Albert Punsola y editado por Larousse. Está dirigido al público en general, al que pretende ayudar a descubrir este mundo.

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En mi opinión, el libro está razonablemente bien. Creo que cumple su finalidad didáctica para los curiosos que se acercan por primera vez a la cerveza artesana, y tiene también interés para los birreros expertos, sobre todo la sección de home brewing y la selección de 50 micros españolas donde cuenta con detalle la historia y filosofía de cada una. Además, está bien escrito y tiene muchas fotos, ilustraciones y gráficos, que lo hacen muy ameno. Pienso que es un buen libro de consulta para tener por casa.

Dicho esto, tiene varias lagunas e imprecisiones, por desgracia habituales en este tipo de libros, que seguramente harán torcer el morro a los más puristas. Y el título debería añadir la coletilla “en España”, ya que se centra totalmente en nuestro país y no habla casi nada de la “revolución artesana” en el extranjero.

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Las ilustraciones son interesantes y están bien hechas

Me gusta la parte inicial que explica qué es una cerveza artesana. No es que dé la definicion definitiva ni mucho menos (más que nada porque no creo que exista), pero sí da más de una, empezando por la más extendida (una cerveza sin filtrar ni pasteurizar y hecha con igredientes naturales excluyendo el arroz), y la del Gecan (que aclara que es lo que es, solo un referente), y reconoce que no hay un concepto definitivo de cerveza artesana, es algo en evolución, y como dicen los autores “el debate sobre ingredientes y el método de elaboración continuará”. Creo que se captura bien la filosofía que subyace a la idea de cerveza artesana, lo que nos viene a la mente a la mayoría cuando pensamos en ella.

El capítulo más flojo en mi opinión es el dedicado a los estilos (titulado “ale y lager”, lo cual a alguno le puede parecer una generalización inexacta, pero que para mí no está mal). Encuentro que es demasiado breve y omite muchos tipos de cerveza que deberían al menos mencionarse (como Hefeweizen, Lambic, Wit, Porter, Stout,…). Sobre todo llama la atención que no se incluyan algunos estilos que son especialmente populares en las cervezas artesanas (como IPA, a la que se despacha con una línea dentro de las Pale Ale), ni se hable de los nuevos estilos creados o resucitados por el movimiento artesanal (como las añejadas en barrica, las Imperial IPA, Sour Ales, Gose, etc).

La falta de espacio no puede ser excusa para estas omisiones, porque al final del libro hay como 30 páginas “de relleno” con fichas de cata en blanco para que el lector las use, que son perfectamente prescindibles. Que encima está un poco mal pensado el tema, porque las fichas no son extraíbles, así que o arrancas la página o cargas con el libraco a todas partes…

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Mala idea lo de ilustrar el esquema de ales con diferentes tonos de color, porque puede dar la falsa impresión al lector poco entendido de que las ales británicas son todas claritas y las sparkling ale australianas más oscuras

Además hay algún que otro gazapo en los estilos que debería subsanarse, como decir que la Weizenbock es Lager o que toda las Münchner son Dunkel, y algunos términos son bastante confusos (como llamar “Ale Tostada” a las Oud Bruin flamencas).

La parte central del libro recorre 50 productores artesanos españoles (titulada de una forma un tanto cursilona “50 creadores de cerveza”), a los que dedica 2-3 páginas a cada uno. Para mí es la parte más interesante. La mayoría de lectores, incluso los más frikis, encontrará más de una micro de la que nunca ha oído hablar (en mi caso Peregrina, Media Fanega, Gisberga y alguna otra). La parte mala es que hay notables ausencias (Zulogaarden, Fort, Bayura, Guinea Pigs!, Ales Agullons, Fortiverd, Marina….) que esperaba ver en una selección como esta.

Se aportan bastantes datos de la historia de cada productor y las características de sus productos, aunque como es normal en este tipo de libros hay poco espíritu crítico y se alaba a todos. También aquí hay algunos errores, como en el caso de Maier Pale Ale, que se describe como cerveza de trigo de estilo bávaro, nada que ver con la realidad

Se dedican varias páginas para cada cervecera

Se dedican varias páginas para cada cervecera

La sección de maridajes es un poco paja mental- como era de esperar, la verdad. Todo es bastante inconcreto y subjetivo, cuesta sacar nada en claro. Para rematarlo, se menciona que también vale hacer “maridajes libres”, dejando volar la imaginación, con lo que todo lo dicho anteriormente no sirve de mucho.

La inclusión de un capítulo dedicado a elaborar cerveza en casa es algo digno de aplauso, ya que no es habitual en este tipo de libros. Obviamente no es un manual exhaustivo de fabricar cerveza, pero sí me parece que explica de forma sencilla y práctica los principales pasos, instrumentos e ingredientes para ello. Es un buen punto de partida para el que se anime a lanzarse a hacer cerveza.

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Homebrewing for Dummies

Completa el libro un glosario que, a pesar de ser corto, cubre casi todos los conceptos principales y es bastante completo para un libro de estas características. Se incluyen en él algunos estilos que se omitieron en el capítulo dedicado a ellos, lo que compensa en parte el fallo.

Por último, la parte de direcciones útiles creo que sobra. Se quedará desactualizada en unos meses y hoy en día este tipo de información se encuentra rápidamente en Internet. Faltan además direcciones notables, como Ratebeer, y se mencionan pocos blogs, cuando hay muchos más y muy buenos. Aquí debería hacer el típico chiste de quejarme de que no hayan incluido el mío, pero como el libro se publicó antes de que empezara el blog, pues como que sería un poco absurdo, no?

 

 

Mis impresiones del BBF 2014

Finalmente conseguí cuadrar el círculo sorteando varios compromisos personales y laborales, y asistir el pasado fin de semana a la tercera edición del Barcelona Beer Festival, que ya tenía ganas tras haberme perdido las dos ediciones anteriores. Lo malo es que solo pude ir el viernes, suficiente para conocer y disfrutar el festival aunque me quedé con ganas de más.

Mi impresión general fue muy buena. Creo que estuvo bien organizado, con una excelente selección de cervezas, un local céntrico, bonito y agradable, y muy buen ambiente. Claro que yo estuve en unas horas (viernes de 1 a 7) que seguramente serían de las menos concurridas; probablemente alguien que fuera el sábado por la tarde o el domingo a mediodía se habrá llevado una impresión muy diferente. Cuando me fui el viernes un poco antes de las 7 ya se iban estrechando los espacios, había cola para comprar fichas y encontrar asiento era complicado. Supongo que luego habrá sido mucho peor.

Aspecto general a mediodía del viernes

Aspecto general a mediodía del viernes

Posiblemente algunos comentarán que el precio de la entrada -7 euros- era caro. Yo lo veo adecuado teniendo en cuenta la afluencia masiva, que era válida para los tres días y que incluía 2 fichas (equivalentes a 2 euros), más vaso y guía (muy bien hecha, por cierto). En un evento de estas características estoy de acuerdo en no dejar entrada libre al que vaya solo a mirar, que ya suficientemente llenito estaba el patio.

Quizá lo que menos me gustó es que en el fondo no había tantas cervezas. Me explico: en la guía del festival vienen 318… y hay 54 grifos para servirlas. Eso quiere decir que en todo momento no hay más que un 17% pinchadas, y un 83% no. Esto es frustrante, porque uno va con la idea de probar estas o aquellas, y luego se encuentra con que la mayoría no están disponibles. Por supuesto, si te puedes permitir el lujo de ir los tres días, es cuestión de paciencia (y algo de suerte), pero si sólo puedes ir una tarde es como una lotería y te tienes que apañar con lo que haya en ese momento. Si bien nunca he calculado el dato en otras ferias/festivales a las que he ido, mi impresión es que el ratio suele ser muy superior y están pinchadas más de la mitad de las que hay en cartel. Creo que esto debería mejorarse en el BBF.

bbf barra

Teniendo en cuenta que el BierCab tiene 30 grifos más algunas decenas de botellas, da la impresión de que 54 son pocas para un festival que atrae a tanta gente, no parece gran cosa que un evento que ocurre una vez al año tenga una dimensión similar a la oferta de un establecimiento permanente en la misma ciudad.

Para ayudar a la gente a saber qué cervezas estaban en los grifos en cada momento había un gran panel tipo bolsa de valores que indicaba el número de grifo, la birra que en él se servía y el número de esta en la guía del festival. Simple y eficiente. Además, cada vez que se pinchaba un barril nuevo se tocaba una campana, lo cual no solo daba ambiente (salvas de aplausos cada vez que sonaba la campanita), sino que alertaba al personal de los cambios. Me gustó el sistema. Los carteles sobre cada grifo mostrando el nombre, número en la guía y datos (estilo, IBUs, % abv) terminaban de facilitar la tarea.

Marcador simultáneo

Marcador simultáneo

Aun así era complicado planificarse qué probar ya que en cualquier momento podía retirarse alguna de las que le interesaban a uno. Yo opté por ir a saco y en cuanto veía una a la que tenía ganas, a por ella.

Debo decir que no tuve demasiada suerte -y seguramente, no acerté en mis elecciones- y no probé ningún birrote antológico. Lo que más me gustó fue poder disponer de la serie completa de las Amager Sinner Series (por cierto la “Wrath” estaba escrita “Warth”…), de las que me encantaron la Sloth y la Envy -la Gluttony para mí es la mejor, pero no la bebí en el BBF. También me pareció muy lograda la Hops & Hopes, hecha por los organizadores en las instalaciones de Ales Agullons, una excelente Pale Ale. Otras que me gustaron mucho fueron la Against The Grain Atilla the Hen y la Buxton Axe Edge. Encontré un tanto decepcionantes la Imperial Russian Stout de Meantime y la Framboise de Boon. Y me quedé con las ganas de probar las Brewdog Jackhammer, Dupont Miel Biologique, De Molen Tsarina Esra y alguna de Alvinne, Keltius o Närke, que no se pincharon en las horas que estuve.

La comida bien, tal vez poco surtido. Solo tres puestos con 4-5 cosas cada uno pienso que se queda corto. Eché en falta algún puesto con viandas más típicamente cerveceras (butifarras, salchichas, hamburguesas, bocatas…), que se podían haber colocado en el exterior para evitar olores, imagino que igual esto no fue posible por alguna normativa municipal o del recinto o algo. Pero lo que había estaba rico y era original, me pareció más que correcto.

Lo que sí me extrañó que estuvieran en el exterior -y sobre todo sin techo- son los meaderos. La noche del viernes llovió, así que lo de mear bajo la lluvia tuvo que ser una experiencia peculiar para más de uno…

En cuanto a mesas y sillas, yo creo que eran escasas, pero entiendo que se intentara maximizar el aforo y colocar las mínimas imprescindibles. Por suerte mientras estuve yo allí no hubo grandes problemas para encontrar sitio salvo en la última hora, que ya se ponía difícil la cosa. No había nada en la zona de fumadores al lado de la entrada, lo que hizo que hubiera mazo peña sentada en el suelo. Yo preferí acercarme a una terracita en La Rambla y fumar sentado tranquilamente mientras me tomaba un descanso, aunque claro, ahí no era posible disfrutar de una buena birra a la vez. Anécdota: unos turistas italianos sentados en esa terraza se quejaban de tener que pagar más de 20 euros por “quattro birre di merda”, les hablé del festival y acudieron raudos, tras preguntarme si me llevaba comisión…

En mi opinión, el reto que se abre ante el BBF para ediciones futuras es el de crecer. Está claro que ha sabido situarse como el evento cervecero de referencia en España y, a juzgar por la presencia extranjera, uno de los importantes de Europa. Falta ahora, creo, darle al festival la dimensión que tanta atención merece, celebrándolo en un espacio considerablemente más grande y con más barras y grifos. Esto es fácil decirlo desde el punto de vista de un consumidor bloguero cómodamente sentado ante el ordenador con el culo caliente en su sillón, soy consciente de que no es nada fácil organizar algo así y de que hay que cuadrar los números, pero por eso digo que es un gran reto, porque pienso que esa ampliación es lo que su público demanda y deberían al menos intentarlo.

En conclusión, un gran festival al que pienso hacer todo lo posible por volver el año que viene, pero que deja la sensación de que podía ser todavía más grande.

Viernes por la tarde

Viernes por la tarde